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El estreno de la primera temporada de ‘13 Reasons Why’, el año pasado, fue uno de los más polémicos que se recuerdan. Hablar de forma explícita del suicidio, el ‘bullying’, la depresión y las violaciones en la adolescencia les valió a los productores de esta serie de Netflix, entre ellos la cantante Selena Gómez, la crítica implacable de educadores, padres y organizaciones conservadoras. El debate giró en torno a si es conveniente exponer a los menores de edad a contenidos explícitos sobre temáticas que los afectan o pueden afectarlos eventualmente.

La producción, basada en la novela homónima de la escritora Jay Asher, relata la historia de Hannah Baker, una adolescente de 16 años que se suicida después de ser víctima de una serie de acontecimientos fatales que la hacen caer en una profunda depresión. Antes de materializar su trágico plan, deja grabadas 13 casetes en los que responsabiliza uno por uno a aquellos que, a su entender, la llevaron a tomar la decisión de acabar con su vida.

Ahora, a punto de estrenarse la segunda temporada, como confirma el vicepresidente de Netflix Original Series, Brian Wright –aunque no da una fecha exacta–, una investigación realizada por el Centro de Medios y Desarrollo Humano de la Universidad estadounidense de Northwestern sobre el impacto de la serie da la razón a los productores. Los investigadores encontraron que exponer a los jóvenes y a sus padres a este tipo de contenidos tiene efectos positivos.

“Los resultados sugieren que existen factores muy estresantes en esta etapa de la vida y que este programa ayuda a los estudiantes a lidiar con ellos. La serie obviamente no soluciona todos sus problemas, pero sí observamos que fue un detonante para que muchos jóvenes empezaran a buscar información y ayuda sobre salud mental, depresión y suicidio.

También para que acudieran a sus padres y hablaran de estos temas de forma directa y se mostraran más empáticos con personas de su entorno que estaban padeciendo ‘bullying’ o algún tipo de aislamiento en el colegio. Los motivó a hablar y actuar”, explica Ellen Wartella. Ella lideró el equipo responsable del estudio ‘Explorando cómo los jóvenes y los padres respondieron a ‘13 Reasons Why’, realizado a partir de una muestra de 3.520 adolescentes y jóvenes, entre los 13 y los 22 años, y 1,880 padres de Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, Australia y Nueva Zelanda. De estos, el 45 por ciento reconoció ser público adepto de la serie y el 55 por ciento no haberla visto jamás.

Cabe resaltar la presencia particular de Nueva Zelanda en la investigación. En abril del 2017, este país restringió la serie para menores de 18 años. La decisión la tomó su Oficina de Clasificación tras el aluvión de críticas recibidas por la escena final en la que se muestra el suicidio explícito de un adolescente. En Canadá fue prohibida por varios colegios.

 

 

Falta de comunicación

Según la Organización Mundial de la Salud, el suicidioes la segunda causa de defunción de personas entre los 15 y los 29 años. Solo en el 2015, 67,000 jóvenes fallecieron por esta causa que, de acuerdo con la organización internacional, “podría prevenirse mejorando, entre otros, la educación”. Para Brian Wright, ese es uno de los problemas que explican estas y tantas otras cifras siniestras que caracterizan la etapa de la adolescencia hoy en día: la falta de discusión en torno a temas tan duros como la depresión, el suicidio y el acoso sexual en entornos educativos. “Creamos ‘13 Reasons Why’ para llenar esos espacios en blanco. La serie pone en el centro del debate temas de los que hay que hablar de forma abierta. La salud mental no puede ser un tabú ni la culpa un elemento que defina a los jóvenes que sufren estos problemas”, asegura.

El estudio de la Universidad de Northwestern reveló que el 71 por ciento de los jóvenes encuestados se sintió identificado con la serie, mientras que el 74 por ciento coincidió en que los problemas presentados en ella afectan en la vida real a las personas de su edad. Asimismo, el 63 por ciento de los adolescentes indicó que la intensidad con la que se trataron estos temas fue la adecuada y tres cuartas partes aseguró sentirse más cómodos procesando y hablando sobre estas cuestiones después de ver la serie.

En el caso de los progenitores, entre el 44 y el 83 por ciento, dependiendo de la región, reconoció que gracias al programa fueron más conscientes de las situaciones a las que están expuestos sus hijos. El 71 por ciento de los padres encuestados en Brasil y el 56 en el resto de países valorados declaró que ver la serie los alentó a hablar directamente con los menores sobre el suicidio, el abuso sexual y la depresión.

Sin embargo, ante la pregunta de si ‘13 Reasons Why’ debería ser material pedagógico en los colegios, Wartella no se atreve a recomendarla. Para ella, aunque la serie es muy positiva, su impacto depende del contexto y de los estudiantes, “porque cada individuo enfrenta estas situaciones traumáticas de una manera personal”.

Los datos recabados por la investigadora contrastan con las advertencias de asociaciones y especialistas que surgieron gradualmente desde la primera emisión de la serie, el 31 de marzo de 2017. La Asociación Nacional de Psicólogos Escolares de Estados Unidos, por ejemplo, advirtió que “la exposición al suicidio de otra persona o a las pruebas gráficas o sensacionalistas de la muerte es un factor de riesgo para los jóvenes que luchan contra enfermedades mentales”.

 

Un final feliz

El vicepresidente de Netflix Original Series, Brian Wrigth, confirmó que la segunda temporada de ‘13 Reasons Why’, que se estrena el 18 de mayo, viene cargada de temas polémicos, aunque se centrará en el abuso sexual y el ‘bullying’. Pero, al contrario que la primera entrega, los fanáticos pueden esperar un final menos traumático: “Es una historia de recuperación; se desarrollan los efectos posteriores al trauma vivido. Podemos esperar un final feliz, uno de esperanza”.

Brian Yorkey, uno de los guionistas y productores de la serie, explica que para la grabación de la segunda temporada buscaron ser lo más realistas posible. “En este caso no contábamos con un libro como referencia, pero teníamos los personajes y sus historias. Queríamos saber cómo iban a superar el dolor y las heridas que les dejó la primera temporada”. Añade que en el desarrollo del guion trabajaron con psicólogos, que avalaron las escenas y recomendaron la modificación de otras.

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